lunes, 6 de agosto de 2018

1274


Supe que la había perdido –
pero no que ella se hubiera ido –
pues en su rostro y en su lengua
ya viajaba lo más remoto.

Ajena, aunque adyacente
como una raza foránea –
mientras hallaba sosiego
cruzó lugares sin latitud.

Los elementos, sin alteración –
El universo era el mismo.
Sin embargo, la transmigración del amor –
de algún modo había llegado –

Y estaría de aquí en adelante para recordar
que la naturaleza se apoderó del día
que a mí tanto me costó –
La penuria es suya.
No de quien se esfuerza por la libertad
ni por la familia,
sino por la restitución de la idolatría.



No hay comentarios:

Publicar un comentario