miércoles, 18 de julio de 2018

1104


Los grillos cantaron.
Instalaron al sol.
Los trabajadores concluyeron, uno por uno,
su costura sobre el día –

La hierba, humilde, cargó al rocío.
El atardecer se puso en pie como los forasteros,
con el sombrero entre las manos, educado, nuevo,
como en actitud de quedarse o irse –

Hizo su aparición cierta vastedad, del tamaño
de un vecindario, una sabiduría sin rostro ni nombre,
una paz como de hemisferios dentro de la casa,
y, así, llegó la noche.



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